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Una conversación con Jorge Beinstein sobre la “crisis general de la civilización burguesa”
"Esta crisis es mucho más grave que la de 1929"

Por: Salvador López Arnal
Rebelión
- abril de 2009

Jorge Beinstein es Doctor de Estado en Ciencias Económicas por la Universidad de Franche Comté–Besançon. Especialista en pronósticos económicos y economía mundial, ha sido durante estos últimos treinta años consultor de organismos internacionales además de dirigir numerosos programas de investigación. Ha sido igualmente titular de cátedras de economía internacional y prospectiva tanto en Europa como en América Latina. Actualmente es profesor titular de la Universidad de Buenos Aires (Cátedra "Globalización y Crisis"). En sus libros La larga crisis del capitalismo global (Ediciones Corregidor, Buenos Aires 1999) y Capitalismo Senil (Ediciones Record, Rio de Janeiro, 2001) anticipó la actual crisis mundial. Su libro más reciente es Crónica de la decadencia. Capitalismo global 1999-2009, Editorial Cartago, Buenos Aires, 2009.

SLA.: ¿De qué crisis hablamos cuando hablamos de la crisis? ¿De una abisal crisis financiera, de una fuerte crisis político-cultural del neoliberalismo, de una usual crisis de sobreproducción si bien de mayor tamaño que en otras ocasiones, de una crisis del sistema de producción mercantil mundial sin bridas limitadoras, de una crisis del capitalismo como sistema civilizatorio?

JB: Bajo de la apariencia de una curiosa convergencia de numerosas “crisis” (económica, energética, ambiental, urbana, estatal, etc.) lo que se está produciendo es una crisis general de la civilización burguesa. En su origen más próximo encontraremos una crisis crónica de sobreproducción de cerca de cuatro décadas de duración, controlada, amortiguada gracias a la expansión exponencial del sistema financiero, del consumismo en los países ricos, de la sobre explotación de recursos naturales y pueblos periféricos, de la hipertrofia del Complejo Militar Industrial del Imperio, etc. Dicha crisis fue la antesala de la supercrisis ahora en curso. Me parece importante señalar que aunque la crisis crónica de sobreproducción aparece como el disparador, el catalizador decisivo de la crisis de civilización, debemos sin embargo diferenciar claramente ambos conceptos. Los fenómenos de sobreproducción, de carácter cíclico, han formado parte del proceso más general de la reproducción del capitalismo, fueron sucesivamente digeridos por el desarrollo del sistema aunque en el largo plazo histórico apuntaban hacia la “crisis general” hacia el desorden irreversible del sistema. Los defensores del capitalismo solían decir que esa famosa crisis general incontenible, arrasadora, nunca llegaría y la archivaban en el baúl de la ilusiones incumplidas de los enemigos del orden vigente. Pero ocurre que cada crisis de sobreproducción dejó heridas, taras, degeneraciones parasitarias bien visibles desde fines del siglo XIX cuya acumulación terminó por engendrar un vasto proceso destructivo que a comienzos del siglo XXI está produciendo una “crisis general de subproducción”, incapacidad estructural del sistema para reproducirse de manera ampliada, para seguir creciendo en el largo plazo. En consecuencia proliferan los síntomas de decadencia, los bloqueos al desarrollo productivo como lo es hoy la crisis energética y al desarrollo social en el sentido más amplio del término como lo demuestra la crisis ambiental. Las crisis generales de subproducción que causaron en muchos casos la decadencia de grandes civilizaciones precapitalistas fueron consideradas en la era moderna como fenómenos propios del mundo antiguo, carente del arma tecnológica hoy disponible, de esa manera se concretaba una curiosa operación ideológica de autonomización del conocimiento científico-técnico ignorante de sus límites socio-históricos.

Dicho de otra manera la sucesión de crisis de sobreproducción durante los siglos XIX y XX debe ser vista como síntoma, no único, de la mortalidad del capitalismo, que cuando ingresó en su etapa senil, a comienzos de los años 1970, empezó a sufrir los efectos negativos de los rendimientos productivos decrecientes de la innovación tecnológica cada vez más al servicio del proceso parasitario de destrucción neta de fuerzas productivas y de su entorno ambiental.

Estamos transitando el comienzo del fin de un largo recorrido histórico que atravesó varias etapas desde los primeros embriones de protocapitalismo en Occidente combinando innovaciones internas con saqueos coloniales para culminar en los últimos dos siglos de desarrollo del capitalismo industrial finalmente financierizado. Al final de esos dos siglos de expansión dicha civilización llegó a dominar el planeta acumulando al mismo tiempo los factores parasitarios de su autodestrucción. En principio nos encontraríamos en el inicio de una crisis-decadencia de larga duración, pero eso no es más que una hipótesis de trabajo, la Historia suele deparar sorpresas.

Se ha señalado que la idea de que la crisis financiera que atraviesa Estados Unidos sea debida a una anomalía en un segmento del sistema de préstamos hipotecarios es equivocada, que los créditos hipotecarios irresponsables y de mala calidad no hubieran sido capaces de generar por sí mismos una crisis de estas dimensiones. ¿Es así en su opinión? ¿Por qué?

El desinfle de la burbuja inmobiliaria norteamericana ha sido el disparador de un mega desastre del sistema mundial de poder con centro en el Imperio. Esa burbuja era el corazón de un enorme sistema de burbujas especulativas instaladas en todo el mundo, especialmente en las grandes potencias económicas. Solo la red global de burbujas inmobiliarias era evaluada en un dossier publicado en The Economist hacia 2005, poco antes del comienzo del desinfle en los Estados Unidos, como equivalente al Producto Bruto del conjunto de los países ricos. Es mucho pero poco si lo comparamos con la masa mundial de productos financieros derivados registrados por el Banco de Basilea que hacia fines de ese año representaban cerca de siete veces el Producto Bruto Mundial la que a su vez formaba parte de una montaña especulativa global equivalente a unas 12 veces el PBM. A mediados de 2008 solo los derivados registrados llegaban a los 680 billones de dólares, yo diría que la hipertrofia financiera había llegado al punto de saturación, bastó la prolongación del desinfle inmobiliario norteamericano iniciado hacia 2006, un muy buen detonador, para hacer estallar al sistema en su conjunto.

Sin embargo, a pesar de la crisis, la política del Imperio pasa por ampliar la guerra en Afganistán preservando así el poder del Complejo Industrial Militar. ¿Se quieren suicidar? ¿Nos quieren suicidar a todos?

No, no se quieren suicidar, tampoco lo querían cuando promovieron la burbuja inmobiliaria, más aún creyeron que las guerras coloniales de Irak y Afganistán les facilitaría el control de una vasta franja territorial euroasiática que va desde los Balcanes hasta Pakistan en cuyo centro, el Golfo Pérsico y la Cuenca del Mar Caspio, están localizadas cerca del el 70 % de las reservas petroleras globales. La “Guerra de Eurasia”, podríamos llamarla así, comenzó hacia fines de la Guerra Fría, durante la presidencia de Bush padre cuando lanzó la primera guerra del Golfo, prosiguió durante la era Clinton con los interminables bombardeos a Irak, las guerras yugoslavas y la tentativa de control de las repúblicas ex soviéticas de Asia Central, y culminó durante la presidencia de Bush hijo, (auto)atentados del 11 de Septiembre de 2001 mediante, con las invasiones de Irak y Afganistán que los halcones consideraban la antesala de la ocupación de Irán. Esa ofensiva imperial tuvo como protagonista visible al Complejo Militar Industrial presentado a veces como una suerte de fuerza malvada usurpadora del llamado sistema democrático. En realidad dicho Complejo fue la espina dorsal de la rehabilitación económica de los Estados Unidos luego de la depresión de la década de los años 1930 y más adelante de su larga prosperidad de postguerra que algunos autores han calificada como keynesianismo militar. Desde la presidencia de Reagan y tal vez un poco antes se fue integrando con otras esferas de negocios parasitarios y/o depredadores como los del petróleo, la especulación financiera, el tráfico de drogas, la seguridad privada, etc., llegando a conformar un sistema oligárquico y mafioso que actualmente constituye el núcleo central del poder imperial. Todo eso estuvo expresado de manera casi caricatural por el gobierno de George W. Bush y sus halcones, ahora Obama, pese a sus gestos populistas, es una marioneta de ese poder altamente irracional cuya dinámica empuja al sistema hacia el desastre. El nuevo presidente ha decidido ampliar la guerra en Afganistán y Pakistán mientras enviaba al Congreso un Presupuesto que incluye gastos militares cuyo volumen sigue la línea expansiva de la era Bush. Es más de lo mismo, los negocios militaristas continúan su marcha exitosa contribuyendo a un déficit fiscal sin precedentes en la historia norteamericana cuya prolongación puede conducir a mediano plazo a la bancarrota del Estado imperial.

Usted ha señalado que la desintegración-implosión del sistema global no significa su transformación en un conjunto de subsistemas capitalistas o bloques regionales con relaciones más o menos fuertes entre ellos. El hundimiento del centro del mundo en medio de la depresión económica internacional significará el despliegue de una cadena global de crisis (económicas, políticas, sociales, etc.) de intensidad creciente. ¿Puede ponernos ejemplos de esa crisis que usted vislumbra? ¿Qué intensidad les otorga?

La cadena global de crisis ya está en marcha. En el último trimestre de 2008 la economía de los Estados Unido se contrajo más del 6%, la de Japón lo hizo en un 12%, los últimos indicadores conocidos señalan que en el primer trimestre de 2009 la situación será igual o peor. La Unión Europea ha entrado en depresión y su espacio colonial-subdesarrollado: Europa del Este, está comenzando a sufrir un derrumbe mucho mayor que el que sufrió a comienzos de los años 1990. Su crisis financiera amenaza directamente a Suiza y Austria cuyos bancos estuvieron durante los últimos años regando a esa zona con prestamos que ahora no podrán cobrar. A lo largo de los últimos cuarenta años se intensificó el proceso de mundialización iniciado desde el origen del capitalismo, fue calificado como “globalización” para marcar su diferencia cualitativa respecto de las etapas anteriores. ¿En que consiste esa diferencia?, en primer lugar en la financierización integral del sistema, es decir la mas completa hegemonía económica pero también cultural en el sentido más amplio del término por parte de los negocios financieros y alrededor de ellos de una compleja trama parasitaria. En segundo lugar un fenómeno de transnacionalización productiva que atrapó a los núcleos decisivos de la economía mundial, atravesó países ricos y pobres, emergentes o declinantes. Toda esa estructura giraba en torno de un gran centro imperial: los Estados Unidos, articulador supremo del planeta burgués pero al mismo tiempo resultado, consecuencia de la dinámica internacional del capitalismo. El hundimiento del centro del mundo no es un fenómeno “nacional” sino global, sus causas no las encontraremos solo en la historia de los Estados Unido sino principalmente en la evolución general, mundial del sistema afectado por una crisis crónica de sobreproducción.

En consecuencia el quiebre del Imperio está asociado, forma parte de un proceso mayor, sobredeterminante de crisis. Tuvimos una primera ola depresiva desatada por la explosión financiera de septiembre de 2008, ahora numerosos expertos anuncian la próxima llegada de una segunda ola depresiva motorizada por el llamado “sector real”, las grandes empresas transnacionales productivas ahogadas por las deudas y enfrentadas a mercados en rápida contracción. De todos modos no debemos esperar una sucesión interminable de estallidos y depresiones, pueden también aparecer períodos de relativa calma, con estancamiento generalizado o incluso crecimientos moderados sucedidos por nuevas turbulencias.. Cuando estos momentos de estabilidad efímera ocurran seguramente los medios masivos de comunicación nos bombardearán con la ilusión del fin de la crisis aunque esas intoxicaciones son cada día menos eficaces.

Sin olvidar otras aristas, ¿estamos presenciando el estallido y desarrollo de la peor catástrofe financiera desde 1930? ¿La peor crisis financiera en siete décadas extendida por todo el planeta?

Es necesario ir más allá de 1930, esta crisis es muy superior incluso si nos limitamos a los aspectos económico-financieros. Nunca antes en la historia del capitalismo se acumuló una masa especulativa como la actual no solo en términos absolutos sino principalmente cuando la comparamos con el Producto Bruto Mundial. Es que el capitalismo es hoy básicamente un sistema depredador-parasitario y eso establece una diferencia cualitativa esencial respecto del pasado. En los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial se aceleró el proceso de control financiero del capitalismo mundial pero todavía las grandes estructuras industriales estaban animadas por la cultura productiva, disponían por así decirlo de una importante autonomía, actualmente los núcleos decisivos de la industria, el comercio y la agricultura moderna forman parte del “negocio financiero” o para expresarlo de una manera más rigurosa: integran un sistema de negocios cuyo estilo operativo está marcado por el parasitismo.

Aunque es ineludible incluir otros temas: el energético, el alimentario, el ambiental, etc. Jamás el capitalismo enfrentó una crisis de esta magnitud que aparece como el fenómeno inverso de la crisis de nacimiento del sistema moderno de fines del siglo XVIII y sus crisis juveniles posteriores: En aquel momento la técnica apuntaba a convertirse en tecnología, integración del conocimiento científico con la actividad productiva, se iniciaba la explotación salvaje de los recursos naturales no renovables y la domesticación de los renovables, despegaba el Estado moderno y su brazo armado que hacia fines del siglo XIX emergía bajo la forma de complejo Militar Industrial, etc. Ahora nos encontramos ante una crisis de senilidad del mundo burgués con su sistema económico atrapado por el parasitismo financiero, su Complejo Militar Industrial imperial convertido en un aparato decadente, sus estructuras estatales degradadas, etc.

Usted mismo ha recordado que en 2008 los estados centrales (el G7) disponían de recursos fiscales por unos 10 billones de dólares contra 600 billones de dólares en productos financieros derivados a los que es necesario agregar otros negocios financieros, y que la masa especulativa global supera actualmente los 1.000 billones de dólares, unas 20 veces el producto Bruto Mundial. ¿De dónde esta enorme burbuja? ¿Es una lucha entre el capital financiero especulativo y el mucho más sosegado capital productivo?

No, ese supuesto antagonismo entre capital financiero y productivo no existe. Lo que si existe es un entrelazamiento, una continuidad entre negocios productivos y financieros que en numerosos casos se articulan en el seno de una misma empresa o grupo. La pérdida de dinamismo de la economía mundial a lo largo de los últimos cuarenta años (donde las tasas de crecimiento del Producto Bruto Mundial recorren una línea descendente) volcó crecientes excedentes de capital de las empresas productivas hacia los negocios financieros que permitieron preservar ganancias e impulsar el consumo sobre todo de las clases medias y altas de los países centrales. La droga financiera, pero también otras drogas como la de los gastos militares del Imperio y sus principales aliados, posibilitaron la reproducción del sistema. La llamada oposición entre el sector productivo y el financiero, en el nivel de las grandes operaciones transnacionales, es un invento de los medios de comunicación y de algunos políticos y tecnócratas mediáticos que tratan de convencernos de que además de los megacapitalistas especuladores están también los buenos capitalistas productivos a quienes deberíamos apoyar para superar la crisis.

Le cito: “los pronósticos sobre China anuncian para 2009 una reducción de su tasa de crecimiento a la mitad respecto de 2008, sus exportaciones de enero han sido 17,5 % inferiores de las de enero del año anterior, este brusco deterioro del centro vital de su sistema económico no tiene perspectivas de recuperación mientras dure la depresión global por lo que su ritmo de crecimiento general seguirá descendiendo”. ¿Qué pasará entonces en China? ¿Ya no será la gran superpotencia del siglo XXI? ¿Qué relaciones vislumbra usted entre China y USA en un futuro próximo?

La modernización postmaoísta de China giró en torno del sistema industrial exportador cuyos principales clientes eran los Estados Unidos, Japón y otros países comercialmente dependientes del Imperio. China ha sido el principal receptor periférico de las inversiones industriales de las grandes potencias capitalistas que aprovecharon sus bajos salarios, la exportación china de productos baratos se transformó así en un área decisiva de la reproducción de los capitalismos centrales, ahora la declinación de los Estados Unidos está golpeando a China. Lo de la “superpotencia capitalista china en el siglo XXI” no ha sido más que una intoxicación mediática que reiteró la vieja y siempre fracasada ilusión de la reconversión del subdesarrollo en desarrollo gracias a la intensificación de las transformaciones de tipo burgués. El crecimiento chino subordinado a la dinámica del capitalismo global, estrechamente dependiente de la evolución consumista del Imperio ha ingresado a su etapa de agotamiento. Como es lógico los dirigentes chinos participan activamente en las tentativas de salvataje del sistema mundial tratando así de preservar su modelo aunque al mismo tiempo lanzan algunos salvavidas. Por ejemplo intentan modificar el sistema monetario internacional para suavizar su dependencia del dólar, apuntan hacia mayores relaciones en el espacio eurasiático, proponen y en algunos casos consiguen desarrollar relaciones comerciales con países periféricos basadas en la utilización de monedas nacionales (esquivando dólares, euros y yenes). Pero esos son alivios, parches que no llegan a compensar la pérdida de mercados en los Estados Unidos o Japón, tarde o temprano, parece que será muy pronto, la otrora próspera estructura industrial china entrará en una profunda crisis que cuestionará de manera radical al conjunto del sistema vigente.

> Segunda parte <

 

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