Cómo vivir en el país más sísmico del mundo
Geofísico Armando Cisternas
Entrevista a El Siglo, abril 2010.
Armando Cisternas es profesor de Geofísica de la Universidad Louis Pasteur de Estrasburgo y de la Universidad de Chile, es una autoridad mundial en terremotos.
-Para un neófito absoluto, ¿qué son las placas?
Primero, la Tierra es un planeta vivo, porque se formó con los meteoritos que se fueron acumulando y comenzó a crecer. Cada uno de esos meteoritos tenía radioactividad. Entonces, la Tierra guardó en su volumen esa radioactividad y cuando ya creció bastante comenzó a aumentar su temperatura y enseguida se perdía el calor por la superficie del planeta, pero como la superficie es mucho más chica que el volumen había más producción que pérdida de calor. Entonces, la temperatura de la Tierra comenzó a subir y en un momento dado comenzó lo que se llama la convección, que es simplemente el movimiento de los materiales más livianos hacia arriba y los más pesados hacia abajo y eso hace unas especies de círculos y comienzan a caer cosas del centro y se forma el núcleo de la Tierra y en la superficie comienza a salir material más liviano y se forma la corteza oceánica, la corteza continental, la atmósfera. Todo lo que permite la vida. Eso es gracias a los terremotos, que permiten que las placas se sigan moviendo. Y las placas son nada más que la expresión de superficie de ese movimiento de convulsión en el interior de la Tierra, pero en la superficie se ve sólo lo correspondiente a las placas. Esas placas son sólidas y cuando se mueven una contra otra provocan primero una deformación, las placas están atascadas hasta que de pronto se rompen y avanza una placa.
-Esto que usted me dice, ¿es una conclusión teórica o también hay, por así decirlo, evidencias empíricas?
Lo de las placas se descubrió hace muy poco tiempo, en el año 1968. Antes se pensaba que las montañas subían desde abajo, y ahora se sabe que no es eso: que las placas se acercan, se alejan o se mueven una al lado de la otra, y esas placas reflejan el movimiento del interior de la Tierra, son la parte superficial de ese movimiento. Así que esas placas al moverse se van deformando si están pegadas una al lado de la otra, hasta que se despegan y eso hace el terremoto.
-Si yo tuviera la esperanza de vivir unos 3000 años, ¿podría esperar un Chile sin sismos?
Justamente lo contrario. Lo que usted tiene que hacer es rogar que continúe habiendo terremotos, porque sin terremotos Chile no es Chile. O sea, este país, toda la loca geografía como decía un escritor, es una geografía creada por los terremotos, la Cordillera de los Andes, la fosa oceánica. Si nosotros tenemos este país largo, es gracias a los terremotos. En el fondo, estamos en un país sísmico, en el país más sísmico del mundo, y ese país produce terremotos todo el tiempo y es la manera natural de expresarse como país vivo. Entonces, nosotros tenemos que vivir también con esos terremotos, y si hay catástrofes no se debe a los terremotos, se debe a los hombres que sabiendo que hay terremotos construyen mal, de forma indebida, por intereses mezquinos.
-Usted muestra imágenes de Iquique, con el hospital a la orilla de la playa. Aparentemente, en Chile la construcción es bastante adecuada: si uno mira el tremendo terremoto del otro día ve una cantidad enorme de edificios que se han sostenido bastante bien, los que ha caído son algunas edificaciones mal construidas, además de las de adobe. En general, más allá de los tsunamis, ¿se cumplen las normas antisísmicas?
La norma chilena de construcción antisísmica comenzó el año 1942, después del terremoto de Chillan de 1939, y a partir de ese momento se ha ido reformando, modernizando, abarcando los nuevos conocimientos hasta ahora. Así que es una norma buena, que está bien hecha, que está al nivel de las que rigen en otros países como Japón. El problema es que antes había un control centralizado, único, y a partir del golpe militar se descentralizó y se privatizó la aplicación de la norma.
Entonces, hay que pagar para que a uno le controlen la norma y eso es fatal, creo yo, porque el control no es suficientemente fiable. Y usted ve edificios que han sido mal construidos, que no han podido soportar el terremoto: eso quiere decir que han sido construidos fuera de la norma. También habría que hacer un estudio de suelos. Una cosa fundamental en la construcción es lo que se llama interacción sobre estructura; o sea, la estructura de un edificio y el suelo tienen que ser tales que el conjunto sea capaz de resistir un terremoto. El edificio puede ser calculado para resistir un terremoto, pero si el suelo es malo se va abajo. Entonces, es el conjunto suelo-estructura el que tiene que ser calculado para enfrentar un terremoto.
-¿Qué organismo del Estado o de la sociedad debiera ser el encargado de normar y vigilar su cumplimiento?
Había un organismo del Estado que estaba destinado al control de la norma a nivel nacional, y ese organismo fue parcelado en regiones y, entonces, en cada región hay un control distinto, y esos controles no son tan bien verificados como si hubiese algo centralizado y uniforme para todo el país. Eso falta. Y el otro hecho de que no haya norma de tsunami. Yo hablo con los ingenieros y me dicen: nosotros tenemos una norma de construcción antisísmica, por lo tanto para los tsunamis tiene que ser otro tipo de norma. Debe ser así, pero en este caso lo que se necesita es una norma de construcción que tome en cuenta los tsunamis, y eso no existe. Yo le mostré la figura donde aparece la zona de inundación calculada por el SHOA, pero eso está allí y nadie lo usa. Si el SHOA dice que esas zonas son inundables, no hay que construir allí ni escuelas ni hospitales, nada. Nadie prohíbe que se construya edificios en esas zonas.
-Aquí hace falta una gran reforma que debe expresarse legislativamente para hacerla obligatoria. Eso le cambia mucho la perspectiva a un país algunas de cuyas zonas de desarrollo están influidas por las expectativas de actividad turística…
Resulta que en algunos lugares, en algunas ciudades costeras, el turismo es una cosa que da beneficios. Y hay gente que ha construido en las zonas costeras, y esos edificios son para turistas y también para gente que quiera vivir al lado del mar. Entonces, lo que les interesa más a los que construyen esos edificios es ganar plata y vender los distintos departamentos; y que vaya a haber un tsunami allí, no les interesa. O sea, no hay realmente una solidaridad nacional para protegerse de los tsunamis.
-¿Y usted ha encontrado algún eco a esto que podría llamarse denuncia, en autoridades, en sectores universitarios, para tomar conciencia de la dramaticidad de esto?
Hemos encontrado un eco: en algún momento nos han amenazado con hacernos un proceso por asustar a la gente.
Realmente, lo que nos interesa a nosotros no es asustar a la gente, sino llamar la atención para que se tomen las medidas necesarias para proteger a la gente. Y eso tiene que hacerlo el gobierno.
-Y una pregunta menos “trascendental”: ¿cómo se prepara para un sismo una persona como usted? ¿Qué precauciones toma, tanto de vivienda como de equipamiento, y de actitud?
En caso de un terremoto, evidentemente uno tiene que preocuparse de vivir en un lugar donde la estructura del edificio obedezca bien a la norma.
Los edificios bien calculados, no se han caído. Puede haber algunos problemas, que se pueden arreglar, corregir. Estar en esos edificios, no es peligroso. Hay mucha gente que se asusta y sale, sobre todo si están en un piso alto. Lo que no se puede hacer es tomar el ascensor. El gran peligro es que se corte la electricidad. Hay que tener cultura sísmica. Hay que alejarse de edificios, que ahora los hay muchos, con mucho vidrio.
-La pregunta que nos hacemos es sobre la “lógica” de la reconstrucción: si desde una óptica privada o con controles estatales.
Lo peligroso es que esta reconstrucción se convierta en un excelente negocio. Y yo creo que hay gente que ve la cosa así. Eso hay evitarlo por todos los medios posibles. Eso no puede ser una cosa provisoria, tiene que pensarse que terremotos como éste van a volver. Y también hay que exigir normas de construcción que tomen en cuenta el tsunami, lo que no les importa en absoluto a los que construyen en la playa.
Hay que crear conciencia para no quedar “abajo” en el momento en que llega el tsunami. Cuando se produce un terremoto como éste, el tsunami se activa sobre todo en la fosa oceánica, como a 100 kilómetros de la costa. Entonces, la ola de tsunami tarda como un cuarto de hora en llegar al punto más cercano de la costa. Es, pues, un problema de tiempo. Un cuarto de hora es poco pero puede ser suficiente para escapar si la gente comienza a subir a lo alto en el momento mismo del terremoto.
Pero, la conciencia sísmica entre nosotros es todavía débil. Por ejemplo, informaron la ONEMI y el SHOA que el epicentro de este terremoto estaba en tierra, y por lo tanto no había posibilidad de tsunami. Esa es una locura, es un error garrafal, porque el epicentro es el punto donde comienza la ruptura, pero la ruptura, para este terremoto, por ejemplo, tuvo 400 kilómetros de largo, 140 kilómetros de ancho, y un movimiento de la placa sudamericana sobre la placa oceánica de 12 metros. Entonces, la ruptura comienza en el epicentro pero sigue extendiéndose y llega a la fosa marina.
-¿Eso es ignorancia?
Es ignorancia total, pues. ¿Cómo puede ser que organismos como el SHOA o la ONEMI no sepan que un terremoto es una cosa grande que rompe una superficie enorme y que no importa que el epicentro esté en el continente. Eso es falta de cultura.
-¿A quién le encargaría, usted, la formulación y control de las normas antisísmicas?
En realidad, hay poca gente en las universidades trabajando en tsunami. En Chile el número de sismólogos es mínimo. Hay ingenieros especializados en construcción antisísmica. Todo ellos tienen que estar allí. Y el SHOA, organismo oficial que debe encargarse de las alertas, es un organismo más bien técnico de la Marina, cuya gente hace funcionar todo lo que conoce pero no tiene una instrucción a nivel profundo. Por eso, debe haber una estructura central que trate de integrar ONEMI, SHOA, universidades que sean especializadas, tanto a nivel de ingeniería sísmica como de investigación de terremotos.
-Usted me decía que se había dispuesto una cantidad de dinero, pero que finalmente no se lo había entregado. Se habla de una red sismológica, ¿habría que hacerla a lo largo de todo el país y qué costo tiene?
El país entero es sísmico, la parte más sísmica está al norte de Aysén. Hacia el sur, la velocidad de las placas es distinta. Allí está la placa sudamericana junto a la placa antártica. Entonces, el movimiento es del orden de 2 centímetros o menos por año. En cambio hacia el norte son 8 centímetros por año. Pero, y la experiencia lo dice, la norma sísmica debe ser para todo el territorio, sin excepción.
El costo de una red depende del número de estaciones. Pero se debe tener esa red. Un sismógrafo, según su variedad, puede ir desde 8.000 dólares. Chile tiene que invertir. Con un total de 200 millones de dólares se puede hacer lo necesario.
No se puede pensar que las empresas se van a interesar en tener una red sísmica nacional, ellas se interesan en sus inversiones, en donde tienen sus negocios.
El tsunami
Y ahí entonces levantan para arriba 6 kilómetros de agua y se forma la ola que genera el tsunami, y comienza a viajar la ola a lo largo de la costa de Chile y a lo largo del Pacífico. Ahí se ve entonces lo que pasa: la ola se levanta y comienza a viajar, su velocidad disminuye con la fragilidad del agua. Entonces frena y por detrás empuja y comienza a levantarse la ola. O sea, comprime la columna de agua y la hace levantarse, y usted ve cómo se curva hacia la playa, porque la velocidad de atrás es más grande que la velocidad de adelante. Cuando viene un tsunami se dispersa, entonces no hay solamente una ola sino que hay dos, tres, cuatro; se va alargando el tsunami y en este caso es un Hawai. Para el terremoto del 60 la primera ola es de un tamaño, la segunda ola no es grande y la tercera era mucho más grande y fue la que produjo más destrucción. Ahí está lo que pasó en Japón. No murió gente en porque vino la alerta y todo eso, pero esta casa por ejemplo (ver fotografía) recibió un barco encima y quedó completamente aplastada, y eso en Japón, un día de viaje de la ola. Hubo un tsunami que vino en Perú para el terremoto del año 2001 pero chiquito, fue un metro, metro y medio. Y en Iquique hay zona inundable construida, es ahí donde llega el tsunami. Y esto es en Iquique y ahí entonces la ola penetra para adentro y, bueno, en todos estos lugares queda la grande, y hay construcciones ahí en esa zona. Esto es Arica (ver fotografía de portada), estamos en la playa aquí, y ve estas torres en la playa: eso es una locura, el tsunami viene. Y esto en Iquique, y allá al frente está el hospital de emergencia a dos metros sobre el nivel del mar, si viene una ola de veinte metros ahí no queda nada. Esa es la emergencia a ser manejada ahí, haber hecho eso es una locura.
Hay edificios que no han sido construidos correctamente, porque no hay suficiente control y además hay mucho interés de ahorrar plata, economizar, todo eso. ¿Cómo construir edificios altos en lugares donde se sabe que va venir un tsunami? Y enseguida, las medidas de emergencia: cuando uno hace una medida de emergencia tiene que haber lo que se llama redundancia, que si falla una manera de hacer las cosas tiene que haber otra manera lista para reemplazar la primera. Eso aquí no existía. Así que es terrible: los tsunamis no están en la norma, eso es fundamental. La norma chilena de construcción dice muy bien cómo hay que construir los edificios, pero respecto a tsunami no dice nada. Entonces, se construye en lugares donde no debe construirse. Chile no ha movido un dedo para protegerse de los tsunamis. Enseguida, Chile es el país más sísmico del mundo, es el terremoto más grande que se conoce desde el del 60, más de mil kilómetros de largo, y el SHOA y la ONEMI, que están encargados de la emergencia, tienen que estar en contacto con la universidad porque son organismos técnicos que no tienen gente que conozca el problema de fondo. De alguna manera u otra, tiene que haber un organismo que vincule el SHOA y la ONEMI con las universidades. Enseguida, la red sísmica nacional: hace tres años que el gobierno de Michelle Bachelet entregó recursos para comprar instrumentos para tener una red sísmica nacional densa, y yo sé que hasta hoy esa plata no ha llegado por cosas totalmente burocráticas, y no se compró ni un solo instrumento antes del terremoto con esa plata, de hace tres años. Es una meta crear un programa de estudios, que yo considero muy importante, de formación de sismólogos. En estos momentos no hay más de cinco en todo Chile. El país más sísmico del mundo tiene solo 5 sismólogos. Cómo puede ser eso: está viviendo con los terremotos y ni siquiera se interesa por los terremotos, es un absurdo total. |