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El Mercado no regula las construcciones 

A un mes y medio de la tragedia, la gran lección del terremoto está a la vista: el lucro podrá ser funcional para el éxito de un modelo económico capitalista, pero no sirve para respetar adecuadamente los derechos de las personas. Centenares de familias viviendo en carpas y los graves daños estructurales, que se pueden apreciar a simple vista, en muchas casas y edificios del Gran Santiago, dejan al desnudos las negligencias cometidas por las constructoras, que han pasado a llevar todos los cánones de seguridad y los controles necesarios para toda edificación.

Una primera mirada demuestra que hay que revisar el capítulo las terminaciones, aumentar la fiscalización y aplicar sistemas rigurosos en la certificación del control de calidad. Está el caso del Aeropuerto de Santiago y muchos otros. Con la rigurosidad en estos aspectos, se está salvaguardando la vida.

Marcial Baeza, presidente de Achisina (Asociación Chilena de Sismología e Ingeniería Antisísmica), considera que debiera existir organizaciones independientes en la fiscalización de las construcciones, y propone un mecanismo que garantice que se ha cumplido con un determinado nivel de controles.

Por su parte, la saliente ministra de la Vivienda, Patricia Poblete, no descarta responsabilidades penales de las constructoras que levantaron los edificios nuevos que colapsaron tras el terremoto, y asegura que no se cumplió la norma chilena antisísmica, porque es inexplicable que construcciones recientes no soportaran el movimiento sísmico.

A juicio de la secretaria de Estado del gobierno anterior, la responsabilidad de estos hechos recae en la empresa constructora y en los profesionales que participaron, es decir, ingeniero proyectista, ingeniero calculista e inspector técnico en obras.

Nuestro semanario quiso tener una mirada a fondo del tema y conversó con Daniel Jadue, arquitecto y sociólogo de la Universidad de Chile, experto en urbanismo y calidad total, presidente de Centro de Desarrollo Social y Cultural La Chimba de la comuna de Recoleta y vicepresidente de desarrollo organizacional y comunicaciones de la Federación Palestina de Chile.

Así constatamos que, más allá de elementos puntuales y acotados que es necesario asumir, la situación es compleja y está asociada a la vigencia de un modelo económico capitalista, que minimiza el papel del Estado y considera infalibles la regulación del mercado y el afán de lucro de los privados.

Los graves daños estructurales, a menudo ocultos, en muchas casas y edificios de la capital demuestran que el Estado debe asumir su rol frente al negocio de las inmobiliarias.

El arquitecto y sociólogo Daniel Jadue, nos cuenta sus experiencias en la revisión de edificaciones afectadas por el grave sismo de febrero: “Hay que ser muy rigurosos con la regulación y la certificación del control de calidad, porque se está salvaguardando la vida de las personas” 

Se protege el negocio y no los derechos de la mayoría. 

Daniel Jadue no se limita a señalar las fallas que quedaron en evidencia con el terremoto en el área de las construcciones, sino que cuestiona al modelo económico.

-Tenemos entendido que le ha correspondido evaluar daños en edificios y casas: ¿en qué sector ha realizado esa tarea?

“Pocos días después del terremoto, me puse a disposición de un grupo de compañeros y amigos de varias comunas de Chile, entre ellas, varias de las más afectadas, para colaborar con la gente y poder llevar tranquilidad y una opinión fundada acerca de la realidad de sus propiedades, muchas de las cuales representan el trabajo y el ahorro de toda una vida. También estuve colaborando en la comuna de Recoleta, en donde está el Centro La Chimba, que tiene una importante inserción social y que coopera con dirigentes sociales en diversas actividades.

Varios de ellos nos solicitaron ayuda, y debido a mi formación profesional y experiencia estuve recorriendo varios sectores. También, me puse a disposición de la alcaldesa de Recoleta para colaborar con los equipos municipales, en la revisión de algunos casos complejos y poder evaluar la necesidad de demoler, o la posibilidad de reparar algunas viviendas”.

-¿Cuál es su opinión al respecto?

“Mi visión como arquitecto es que ha habido un relajamiento en los estándares de construcción, en la medida que el Estado se ha ido retirando de su función histórica de planificar el desarrollo de los asentamientos humanos y, al mismo tiempo de fiscalizar la actividad privada que, según los defensores del modelo, debía regularse por sí sola.

Claramente, esto no se dio. En ese sentido, ha habido una integración vertical en el área del urbanismo, la arquitectura y la construcción, en donde el mismo que decide dónde construir, sin validar su decisión frente a un órgano competente, efectúa el proyecto, lo revisa y certifica que cumple con la ley. Y luego de obtener el permiso, fiscaliza su propio ejercicio de construcción para obtener la recepción final, y lo vende. Por tanto, lógicamente, su prioridad es resguardar la utilidad del negocio y no el hacer las cosas bien”.

-¿Y cuál es su mirada como sociólogo?

“Desde el punto de vista sociológico, hay varios temas que me gustaría rescatar. El primero es que la confianza desmedida en el mercado y sus capacidades autorregulatorias ya no se justifican. Hoy es necesario que el Estado vuelva a asumir la responsabilidad en el aseguramiento de los derechos básicos de las personas. Entre ellos, el definir dónde se construye y dónde no, puesto que al mercado jamás le interesó el hecho de que estaba construyendo en zonas de riesgo que jamás debieran haberse habitado.

Tampoco es aceptable que las comunicaciones de emergencia estén en manos privadas, y que cuando hay una emergencia todo se cae. No hay forma de comunicarse en todo el país.

En el aspecto del modelo de sociedad, me parece que ha quedado de manifiesto la necesidad de fortalecer a la sociedad civil, para que ésta pueda actuar con mayor poder y autonomía cuando el Estado no es capaz de responder. Y eso pasa por hacer leyes para fortalecerla y dotarla de herramientas y recursos para reaccionar ante las catástrofes, además de mayor poder para fiscalizar a las autoridades”.

-¿Cree que hay solución a este problema?

“La verdad es que bajo el actual modelo económico lo veo difícil, pues está pensado para proteger los intereses de los que más tienen, no de los más necesitados”.

-Después de lo que ha sucedido, ¿se justifica seguir construyendo edificios de más de veinte pisos?

“El tema no es si se construyen edificios de veinte pisos o no: es dónde y cómo se construye, y cómo garantizamos que el que hace mal las cosas responda por su responsabilidad ante la ley. Ley que debe estar hecha para proteger a la ciudadanía y no a las utilidades de las empresas.

No puede ser que en un país sísmico, como el nuestro, la responsabilidad estructural caduque a los diez años. Como mínimo debiera permanecer por espacio de treinta años y extensible a todos los socios que componen o componían la sociedad a la hora de la construcción. Yo creo que así nadie se arriesgaría a construir mal”.

-¿Cuál es la altura y la estructura ideal?

Las ciudades deben ser eficientes y eficaces. Deben estar en zonas seguras, y planificadas de manera de construir una sociedad integrada y con una escala humana. Ojala evitando los viajes y la excesiva densidad poblacional. Yo me imagino que ciudades de entre 8 y 10 pisos, con fuerte énfasis en el equipamiento comunal, podrían acercarse a una ciudad más eficiente y eficaz”.

-¿Qué  pasa con el colapso de las vías concesionadas?

“Son otra prueba de que el modelo de concesiones no funciona. Construyeron las vías para ganar dinero y no las calcularon para que resistieran los embates de la naturaleza. Espero que el Estado no vaya a salvar las inversiones y haga efectiva la responsabilidad de las concesionarias de mantener en buen estado sus propias obras”.

-¿En cuanto estima el costo de la reconstrucción, y el tiempo que tardaría?

“Creo que la reconstrucción será lenta, de al menos unos seis a ocho años. Y el costo debe ser cercano a los 20.000 millones de dólares. Veo que el Estado no está preparado para asumir este desafío, y la gente tendrá que resolver por sus propios medios”.

-¿Cuáles son las lecciones que debemos sacar de esta tragedia?

“Espero que la tragedia que hemos vivido nos sirva para reflexionar acerca de la sociedad que queremos. Que no sigamos insistiendo en este modelo de crecimiento sin desarrollo, en que sólo unos pocos tienen de todo y se contenta con regalar algo de dinero para los pobres cuando se produce un desastre”.

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