La UTE en los años de dictadura, entre asesinados y desaparecidos, suma a 86 de los suyos

Artículo escrito para el mes de abril de la Agenda de la Memoria Popular 2016

Osiel Núñez Quevedo,

Ingeniero, presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Técnica del Estado, FEUT, a septiembre de 1973, activo luchador contra la dictadura, dirigente del Movimiento Democrático Popular, MDP. Hoy preside la Corporación Tres y Cuatro Álamos

Osiel

El 11 de Septiembre del 73, la, FEUT, llamó a  tomarse la universidad en apoyo al Gobierno de Allende. Junto a los estudiantes permaneció un grupo de  profesores y funcionarios, también, el rector de la UTE, Enrique Kirberg Balstiansk.
La Universidad fue desalojada en la madrugada del 12 de septiembre con ataque de  fusilería y cañones. Entre los detenidos se encontraba Víctor Jara, asesinado en el Estadio Chile, que hoy lleva su nombre. Allí, en la galería de los condenados a muerte, habíamos cuatro personas: un muchacho argentino a quien tenían rapado, sólo con camisa y sin zapatos, y una  pareja de jóvenes uruguayos, que de tanto en tanto se miraban y que aparecían inconscientes de que eran sus últimas horas.
En el Estadio no nos daban de comer y teníamos prohibido hablar entre nosotros.  Los estudiantes de la UTE que estaban en las graderías de la parte baja lo habían notado. Un día, el jueves o el viernes de la semana del 11, un joven delgado, tez pálida y muy joven,  se puso bajo la galería y haciéndose  el distraído  me lanzó un  trozo de pan.
El vuelo de ese cuarto de marraqueta se hizo eterno. No  por  el ansia de comerla, sino, porque sabía exactamente lo que se jugaba ese compañero con su acción. El nombre de este valiente  es Luis Pérez, en ese momento tenía 22 años y estudiaba Ingeniería mecánica.
Luego fui trasladado al Estadio Nacional, de allí un día salí del más terrible de mis interrogatorios. Desnudo, me dieron de latigazos en todo el cuerpo. Mis genitales sangraban. La espalda y piernas con las heridas del látigo. Me estrangulaban hasta estar cercano a  estallar, golpes contundentes, amenazas…Fue un día interminable.
Ya no tenía  fuerza física. El  suboficial del Ejército a cargo de esos camarines preguntó: – ¿quiénes lo dejaron en ese estado? El ejército, respondí. -No, me dijo, a ti te tiene que haber agarrado la Armada, pero, claro, todos están usando nuestros uniformes…Ordenó darme agua. Vomité y luego me desmayé. Cuando me recuperé,  estaba rodeado de varios muchachos de la UTE que me cuidaron por días.
Ellos me contaron que afuera, en las galerías, me estaban llamando al  disco negro,  para ser interrogado en el velódromo. Allí funcionaban otros  equipos de  tortura. Yo estaba incomunicado y a los pocos días me permitieron salir a la galería a tomar sol, a los  cinco minutos fui citado al disco negro.
“El Paraíso”
Fue curioso. Cuándo me nombraron me condujeron hacia el lugar de interrogatorio sin  hacerme cubrir la cabeza, lo cual era un pésimo indicio. Estaba frente a mi interrogador, sólo  separado por una pequeña mesa con una máquina de escribir. Un soldado permanecía tras de mí. Casi en la entrada del caracol sur se oían gritos,  golpes  e insultos de los interrogadores. También,  había llantos y súplicas…Me dio la impresión que los “trataban” en grupo.
El interrogador me decía: “Mientras tú estabas escondido, la gente de tu universidad la ha estado pasando mal… Escucha, escucha… ¿Por qué no asumes tu responsabilidad?, ¿por qué no eres hombrecito? Con una agilidad activada por la indignación me puse de pié y bajé mis pantalones mostrándole mis genitales. Sé lo que es esto le dije… he estado en aislamiento hasta ahora.  No me escondo ni eludo mi responsabilidad…
¡No le pedí que me mostrara! Gritó. ¿Y quién te hizo eso? ¡Eso fue  tormento! El Ejército, respondí. Conversó con un oficial de la Fach y después regresó a su asiento.
Mira me dijo. A ti no te vamos a tocar, pero mientras no digas lo que quiero,  no dejaremos de darle a los que están allí adentro. Y tú sabes que hay gente de tu universidad…
Esa fue la única oportunidad en que me interrogaron sobre lo ocurrido en la UTE.  Obvio que escribió lo que quiso y que formuló las consabidas preguntas de las armas, los cursos para militares, etc. Pero, básicamente, lo que escribió estaba bien. Esa declaración  la firmé y con presteza. Sólo quería que cesaran los gritos ylos golpes… Al día siguiente nuevamente me llevaron al velódromo. No fui interrogado.
Mi llegada a la cárcel pública, era como estar en el  “El Paraíso”,  así la sentía después de lo vivido, recibí abrazos y felicitaciones de los otros presos políticos, por ser  dirigente de los estudiantes de la UTE. Me contaron muchas historias. Que los muchachos se habían comportado como los mejores;  que fueron los primeros en cantar en las escotillas; que habían sido los organizadores de  la distribución del alimento, etc. Gran orgullo haber sido el presidente de la FEUT en esas circunstancias.
La UTE, en los años de la dictadura, entre asesinados y desaparecidos, suma a 86 de los suyos. El primero en caer fue Hugo Araya, ocurrió al interior del campus, la noche del 11 de septiembre del 73. El último de ellos, Jeckar Nehgme asesinado el 4 de septiembre de 1989.

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